lunes, 11 de junio de 2012

Los engaños sutiles de AMLO


Escribir algo a estas alturas difícilmente puede estar exento de una apariencia de poseer la verdad. Hace unas pocas horas un amigo confesó que ante la cercanía de las alternativas  votaría por Andrés Manuel Lopez Obrador antes que por Peña Nieto. Es una persona más informada que yo y con preferencias políticas que siempre han estado lejos de AMLO.  A mi ninguno me convence y, si no hubiera perdido mi credencial de elector, haría probablemente lo mismo que él. Sin embargo recuerdo aquí la facilidad en la que Andres Manuel recae en un discurso fácil que no aclara que me provoca sospechas.
1.       Voto por voto, casilla por casilla

Después de las cerradas elecciones del 2006 y junto con la declaración de la presidencia legítima se hizo un fuerte movimiento social apoyado por el entonces mandatario legítimo a favor de realizar un nuevo conteo de los votos. La falsedad radica en que un nuevo conteo no es superior al ya existente. El conteo el día de la elección pública resultados el mismo día, es supervisado por representantes de los partidos (si es que el partido tiene quien lo represente, en la mayor parte de los casos sí), presidentes de casilla, escrutadores, secretaríos elegidos al azar entre la población general. Urnas transparentes, conteo el mismo día. Esto implica una movilización enorme. ¿Qué pasa cuando las urnas se meten en cajas y se transportan a otras sedes para el reconteo? ¿Qué pasaría si el segundo conteo arrojara un resultado diferente al primero, no tendría el otro partido argumentos legales para afirmar su resultado? El segundo conteo no podría ser más escrutado y verídico que el primero, se necesitaría una segunda elección. El impulsar un segundo conteo es, en el mejor de los casos, irrelevante, en el peor, desestabilizador.

2.       Desconocimiento de las instituciones y plesbicito
Mucho se ha hablado de la facilidad con la que ha descalificado instituciones. En particular el IFE y el proceso electoral. Me preocupa particularmente lo que mostró el día de la votación de la llamada reforma energética, después de convocar en el hemiciclo a Juaréz a un ya desnutrido (a comparación de un año antes por ejemplo) contingente decide “el pueblo” desconocer el resultado de la votación y promover la lucha contra “la privatización petrolera”. Más allá de que resulto un ejercicio inútil muestra un elemento peligroso de carácter. Nunca se argumentó que la elección de legisladores haya sido fraudulenta, no es una elección, a diferencia de la cerrada votación presidencial, donde un par de puntos porcentuales atribuibles al fraude puedan cambiar significativamente el resultado. Tampoco es, asumiendo sin conceder, algo que recaiga dentro de las atribuciones de su “presidencia legítima” si bien el ejecutivo tiene poder de veto este no desconoce las decisiones del poder legislativo, de particular relevancia es que la votación tuvo el respaldo de todos los partidos con excepción del PT.

3.       Gabinete presidencialista
En un sistema presidencialista se vota por el presidente, no por el gabinete. Es el presidente el que tiene la capacidad de cambiar a su gabinete de acuerdo a las circunstancias y necesidades. AMLO ha atinado a realizar una exitosa promoción de un gabinete “carismático” de personalidades de la izquierda ilustrada. Algunos de ellos no han aceptado (El Ing. Cardenas ) otros varios no tienen experiencia en el sector público (Poniatowska) otros sería ideales para el trabajo (Ebrard). Un aliciente al voto por AMLO son estos apellidos asociados a las secretarías pero al promoverlos el candidato realiza un compromiso que no debe mantener. Los secretarios son dependientes del ejecutivo así que no realizan decisiones propias, no tienen porqué mantenerse en el puesto y seguramente será necesario, si gana, cambiar varios de ellos rápidamente. El engaño es que parece que votamos por un presidente y un gabinete cuando solo votamos por el presidente.

No trato aquí de lo especulativo, del financiamiento de las campañas, de Bejarano, de los “complots” de los medios en un país donde los medios de comunicación son empresas con fines de lucro y agendas propias que  no representan una visión objetiva y no tienen por qué hacerlo. La lucha por la apertura y en contra del complot está en el lado de la apertura de mercado y la competencia, no de la descalificación ni el pedirle peras al olmo.

La paranoia, el desconocimiento de las instituciones, la facilidad para el engaño siguen ahí aunque con una actitud más moderada y aparentemente más paciente. Probablemente dadas las circunstancias aceptar todo esto sea mejor que no hacerlo. Tal vez esto se vea bien ante la alternativa.

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